El poder de una rosa.

Te regalo una rosa, dame a cambio madrugadas, no esas de insomnios de luna llena con un cuarto obscuro que tiene por compañía a la soledad, quiero madrugadas con aromas que torturen mi razón, que mis deseos queden saciados con el simple rose de tus uñas por mi espalda. Mis palabras tienen sus consecuencias, la luz se apaga, la rosa abrazas, un tirante salta, y la rosa goza al amparo de tus senos. La luna se da cuenta que no está invitada en este insomnio de ensueño; las ropas cayeron, la rosa busca tu cuerpo, pero tu prefieres anclarte a mi cuerpo. Amaneció y la luna se sintió celosa al ver que tu cuerpo cedió ante el enervante aroma de la rosa, mientras la rosa desesperada espera la tomes en tus manos y la pongas en tu regazo, pero la hermosa princesa solo quiere escuchar los murmullos de la noche que la llevaron al cielo. En silencio, pensando que duermo, dices suavemente “no sabes cuánto te amo”, y yo solo pienso “nunca subestimes el poder de una rosa”.|

Derechos de autor: Juan Hernandez
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