Todo quedo entre mi luna y yo.

En el pasado me gustaba visitar mi destino, construía castillos en el aire mientras miraba parejas de enamorados y me imaginaba extraviado en el túnel de unos ojos verdes, en mis desvaríos la besaba, mis manos trazaban mapas en su piel, marcando con una “x” donde podía estar el anhelado tesoro. 

Para no perder mi última ubicación usaba sus lunares como puntos cardinales, llegaba la noche  y se lo platicaba a mi amiga luna, aunque no me contestaba ella era mi confidente. 

Muchas veces le confesé que sin ver su rostro la amaba y la imaginaba plagiando mis sentimientos y apropiándose de mi vida, en ella quedaron guardadas todas mis confidencias. 

Hoy sigo hundiéndome en esos ojos verdes, continuo  navegando por su piel, siguiendo los pasos en los mapas que trace, siempre me detengo en los lunares que están en el norte de su pecho, es  ahí donde está su tesoro, el que  hace sentir que la vida no es una fantasía, el que  hizo que llegara a mi destino…su corazón. 

Bendita sea la luna que con su luz trajo la marea alta en mis fantasías y en la penumbra de mis anhelos, trazo su figura sin rostro e hizo que me enamorara del ser humano y no del horizonte sinuoso que algún día erosionara el tiempo.

bendito el destino que llevo a ti la tormenta de suspiros y bendito el viento que te hizo planear a mí, en aquel otoño.  

Nunca le he platicado todas las historias y fantasías que me inventaba…todo quedo entre mi luna y yo.

Derechos de autor: Juan Hernandez.
http://www.safecreative.org/work/1710043704351





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