Piel trigueña.

Nunca me había sumergido en un río con aroma a jazmín, su corriente arrastraba una espiga trigueña, corrientes contrarias nos unieron y el  vórtice bendito nos coincidió, yo como pez hambriento de saborear el fruto anhelado, me aferre a su tallo,  pero al probarlo quede prendado de su sabor, ahora me encuentro atrapado en la rivera que forma el tallo de su cuerpo y el murmullo que provoca las tormentas de su  denso respirar que acompaña el tenue misterio de su piel trigueña. jhm  

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