La paradoja del tiempo, espacio y nuestros cuerpos.



Ni en el mejor sueño cabrían tantas dichas, sin contar los disgustos que agregaron reconciliaciones sintonizando  el tiritar de nuestros cuerpos, cuando las ansias  se hicieron amigas de la penumbra y ambas  gozaban  enmarcando nuestro contorno.  

Nos albergamos mutuamente en nuestras pretensiones, cediendo ambos voluntad, logrando amancebarse la ternura y el deseo. 

Solo tú sabes reacomodar los engranes del reloj, para que el día se haga largo y quepan mas te quiero y mas te amo, dando vida  a la  paradoja  que ve, como conforme el tiempo se alarga, se hace más corto el espacio entre tú y yo, uniéndose como el día y la noche. 

Derechos de autor: Juan Hernandez.
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