Deja huella sin la escoria de tu temor.


Deja que tus huellas descalzas  se aferren a la tierra, camina sin dejar la escoria de tu temor  en ellas, que no quede rastro de duda en la dirección que tomen, siempre con la cara al viento por si la lluvia cae y las borra, arrastre tu optimismo a los que vienen atrás.  Si tus pasos son cansinos busca un árbol y deja en prenda tu cansancio a cambio de la compañía que le dé su sombra a tu breve estadía, después, suelta la cuerda al papalote que transporta tus sueños, que los siembre en las nubes y al condensarse, dejen caer lluvia de milagros, que formen mares donde puedan existir peces del mismo tamaño, donde el más grande no se coma al más pequeño, se pasado que dejo  un futuro para el pescador y hereda un camino sin piedras para los que siguen tus pasos, en su momento ellos harán tu camino más largo.

Brilla con luz propia, pero debes compartirla con los que navegan con la sombra del fracaso a sus espaldas, dificultando su camino y no seas indiferente con el que te encuentres tirado a tu paso, tiéndele la mano. 

Se grande al reconocer tu pequeñez, así,  el que  pise tus huellas, no sienta que tus metas son difíciles de alcanzar y pueda superarlas, recuerda, la naturaleza del ser humano es buscar la perfección y debido a eso existe el progreso.

Vuela alto, no le temas a las alturas, pero siempre regresa a plantar los pies firmemente en la tierra, como los árboles, que dependen de una gran raíz para que el viento no los acueste a dormir, la vida se vive en la tierra, si no,  los pájaros se la pasarían volando,  ¡vive¡, ¡vive¡, ¡vive con la satisfacción de haber dejado tu huella sin la escoria del temor¡.

Derechos de autor: Juan Hernandez.
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